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Horitzons educatius amb Jordi Guirado

El salto al vacío de muchos jóvenes durante “las noches de finde”

Viernes por la tarde. Ya es fin de semana; muchos adolescentes de toda España —también en Sant Cugat— repiten la misma rutina: breve incursión en un supermercado para la provisión de hielo, refrescos y bebidas alcohólicas que consiguen comprar con el carnet de los que ya cuentan con mayoría de edad. ¡Se acerca el momento del botellón!

Ese es el plan: beber, beber mucho, ir a la disco de moda y regresar a casa al amanecer. Un guion aparentemente divertido y emocionante, pero que, a menudo, esconde vacío, presión social y una preocupante falta de autoestima y de alternativas atractivas que no permiten a estos adolescentes escoger otras opciones.

Deberíamos preguntarnos qué tipo de ocio están consumiendo nuestros hijos y por qué lo hacen. ¿Sirve de algo pensar que, tal vez, nosotros cometimos los mismos errores? ¿Por qué divertirse tiene que pasar por degradarse? ¿Es necesario que nuestros hijos tengan que recurrir a sustancias —alcohol u otros tóxicos— para nublar la conciencia hasta conseguir difuminar la frontera entre lo que es bello y lo que es moralmente reprobable? ¿Qué tan dañada está su autoestima para tener que buscar un aplauso y un reconocimiento de desconocidos en las fotos e historias que cuelgan en redes sociales?

Tal vez gran parte de la responsabilidad sea nuestra. Como padres, ¿sabemos ofrecerles espacios alternativos a los de los empresarios de la noche? ¿Disponemos de opciones controladas y seguras que, al mismo tiempo, les ofrezcan la privacidad que necesitan?

Puede que para ellos el botellón se presente como su mejor propuesta para “vivir con intensidad” y poder dar rienda suelta a sus revolucionadas hormonas. Risas, complicidades, emociones fuertes, reconocimiento social, proyección individual, flirteo, música con sonido espectacular, luces, láseres… ¿Tenemos planes más atractivos que esto? 

Ahí está la clave, y aquí es donde, posiblemente, el lector se sentirá algo incómodo: ¿hemos tirado la toalla? ¿Hemos optado por justificar nuestra pasividad y nuestra resignación? ¿Cómo nos divertimos nosotros delante de ellos? ¿Nos han visto renunciar voluntariamente a algo que nos gusta, pero no nos conviene? ¿Ven en nosotros ejemplos de renuncia al hedonismo y a las pasiones mundanas?

¡No podemos pedir peras a unos olmos que hemos plantado nosotros mismos!

Pero no desesperemos: la buena noticia es que es reversible. Prohibir no sirve, pero una buena forma de empezar podría pasar por vivir juergas con ellos. Compartir ratos de fiesta de “nivelazo”, de “gas a fondo”, para superar —o, al menos, igualar— el botellón: ya sea un conciertazo de música, una obra de teatro, un día en el circuito de carreras, un partido en el estadio, un jolgorio padre en el parque de atracciones —. Y “todo incluido”, con comida y bebidas. Barra libre, a lo grande. Porque así es como ellos viven la noche. 

Por su seguridad, por su salud física, por su estabilidad psicológica y emocional, nosotros, los de casa —padres y hermanos—, debemos ser su mejor apuesta de diversión. Y sus amigos como invitados de honor.  “¡Ven con mi familia; ¡son los puñeteros amos, verás!” —les dirán con sinceridad y con razón.

Jordi Guirado Professor de l’escola concertada i regidor de Vox a l’Ajuntament de Sant Cugat del Vallès

Vox Sant Cugat

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