“Me gusta comunicar y contar historias a través de las emociones” Josep María Pou  

El dandi de la interpretación

Al entrar en el salón del apartamento barcelonés de Josep María Pou te embriaga una sensación de calidez seguramente parecida a la de un escenario. Otros elementos recuerdan esta parte del teatro en la que el actor representa sus personajes: la luz natural cual foco se cuela por las lamas de las cortinas venecianas de las ventanas dando vida a las librerías que revisten las paredes, el aroma indefinido de los libros se libera en el ambiente entremezclándose con el que desprende la madera, las telas que tapizan el sofá y los sillones orejeros, en terciopelo lavado y peinado gris marengo, en fino algodón magenta, respectivamente, los colores también ayudan a recrear la atmósfera en la que el actor está a punto de representar su papel más íntimo. Para ello, desaparece, como entre bastidores, por el pasillo que le conduce a su dormitorio, su camerino particular, para regresar caracterizado de sí mismo, con una impecable camisa de vestir blanca de Brooks Brothers y chaleco negro.

 

Se nota que le gusta la decoración

Me gusta la combinación de madera, tela y libros, y no podría vivir sin estos últimos. No tengo hijos, pero sí una afición que me obliga a reorganizar mi casa de cuando en cuando. Antes de la última restructuración, mis libros se apilaban caóticamente en el suelo.

Acudimos a esta entrevista por mediación de Verónica Mimoun, directora creativa de Le Bond Studio y responsable del último restyling del piso del actor. Además de reubicar sus libros para tenerlos siempre a mano, “los consulto frecuentemente para documentarme”, el nuevo televisor de gran formato que adquirió recientemente, condicionó la actual distribución, más ordenada.

 

 Y también está claro que cultiva su intelecto

Cuando decides dedicarte a un oficio, desarrollas lo imprescindible. La memoria se cultiva poniéndola en práctica. En este sentido, los actores de teatro tenemos una especie de seguro contra el alzheimer, pues tenemos que aprendernos el papel y memorizarlo para poderlo decir cada día.

 

“Soy actor de casualidad, mi vocación era el periodismo radiofónico”

 

 

Además, usted escribe

Hago traducciones del inglés al español de obras de teatro clásicas y desde hace trece años tengo mi propia columna en El Periódico de Catalunya. En realidad, mi auténtica vocación era el periodismo, me convertí en actor de casualidad al matricularme en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, para aprovechar las tardes libres mientras hacía el servicio militar. Me interesaban las asignaturas de voz y dicción porque quería dedicarme a la radio.

 

¿Y descubrió el teatro?

¡Me descubrieron! En el 68 acabé la carrera con matrícula de honor y un papel para debutar en el teatro con Adolfo Marsillach. Desde entonces, ¡hace ya 50 años!, no he hecho otra cosa que trabajar y he tenido la suerte de hacerlo con los mejores directores de cine, televisión y teatro, como Alejandro Amenábar, José Luís Garci o Pilar Miró.

 

Tiene mucho mérito

Mi trabajo me volvió loco. Entendí que era otra forma de comunicar y contar historias a través de las emociones. Pero todo ha salido rodado. El viaje ha sido comodísimo.

Como en medio de una función, el sonido del obturador de la cámara del fotógrafo cuyas fotos ilustran este texto, recuerda el ruido de los aplausos sincronizándose en una expresión de aprobación. Realmente, la cámara adora a Josep María Pou, su apariencia presuntamente malvada se desvanece en cuanto arquea la ceja derecha, provocando una sonrisa afable que no consiguen curvar las comisuras del labio hacia arriba pero delata paciencia y generosidad.

 

“Voy por el mundo como un niño, mi capacidad de asombro es infinita”

 

 

¿Se identifica con sus personajes?

Es cierto que mi físico (mide casi dos metros) me ha proporcionado personajes de fuerte personalidad, especialmente mandatarios, policías, y jueces, grandes personajes, como Sócrates, o el rey Lear. Sin embargo, no hay una identificación. Un personaje debe ser como una camiseta, que te pones y sacas con facilidad. A mí me define mi capacidad de asombro y curiosidad. Voy por el mundo como su fuera un niño.

 

¿Qué límites tiene su curiosidad?

En mi oficio es fundamental estar al día de todo, tanto en lo social, como en lo cultural y político. Soy noctámbulo y me dan las tantas de la madrugada leyendo o viendo series (recomienda The Politician y The Marvelous Mrs. Maisel, cuya última temporada se acaba de estrenar en Amazon Prime Video).

 

¿Alguna otra afición?

Me encanta viajar. De hecho tengo ganas de retirarme (de la televisión ya lo ha hecho) para poder pasar largas temporadas en Nueva York, mi paraíso al que necesito escaparme al menos una vez al año. Otra de mis vocaciones consiste en vestir bien. No la pongo muy en práctica, aunque me gusta el estilo clásico. Pero lo más importante son los libros.

Josep María Pou nos habla de su actual lectura, El Tirano, que le permite modificar día a día su interpretación de Cicerón en el Teatre Romea, donde tiene lugar en el momento de esta entrevista ‘Viejo amigo Cicerón’, obra que protagoniza. Shakespeare es quizá el autor favorito de este urbanita, capaz de dar el cien por cien en el escenario y fuera de él, en la intimidad de su casa, con sus trofeos, que no le gusta exhibir, recuerdos y objetos que cuentan por sí solos retazos de su vida, que recela con elegancia, pero está dispuesto a compartir con unos cuantos escogidos. Celebro el haber estado entre ellos por un momento de mi carrera como periodista.

 

 

“Antes de que Verónica Mimoun, de Le Bond Studio, reorganizará el salón, mis libros se apilaban caóticamente en el suelo”

 

Tres leitmotivs se repiten en el apartamento de Josep María: las representaciones de un teatro visto desde el escenario, como la del Teatro de la Scala de Milán grabada en seda que aparece en la imagen, los libros, con Shakespeare como abanderado de la larga lista de autores, y Nueva York, su paraíso en el mundo.

 

Con Verónica Mimoun, responsable de la última restructuración del salón, dominado por un sofá de terciopelo peinado y lavado hecho a medida y unas librerías que revisten totalmente las paredes del mismo. La lámpara de techo aporta un toque especial, a una decoración marcada por la calidez y el buen gusto.

 

 

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