El amor en forma de esmeralda
Joyero de profesión, el camino de Marcos Rodríguez empezó en el negocio familiar, donde trabajaba mientras estudiaba ADE. Entre el taller y el mostrador de cara al público descubrió pronto que su verdadera vocación no era la gestión empresarial, sino el mundo de las gemas. “Me pasaba horas dibujando, diseñando y dejándome cautivar por la pureza y el color de las piedras preciosas, pero lo que de verdad me atrapó fue la satisfacción de participar en el deseo de una persona de hacer feliz a otra”. Conversando con él comprendemos que el arte de la joyería no crea belleza, sino que la revela. “Una joya es más que un objeto; contiene una historia, un ‘te quiero’. No es un adorno, sino un instante convertido en emoción”, ilustra.
A su aprendizaje práctico —desde el boceto hasta el engastado y el pulido— se sumó la formación en gemología, que consolidó un conocimiento esencial para comprender la complejidad artesanal de una pieza única.

Entre todas las gemas estudiadas, para Marcos la esmeralda siempre ha ocupado un lugar especial. Elegante y exclusiva, despierta en él una emoción particular. “La esmeralda simboliza renovación, sabiduría, amor y fidelidad; no es casualidad que fuera la gema predilecta de Cleopatra”, explica. Su calidad —añade— se mide por el color (verde intenso y uniforme), la claridad (cristalina y con los mínimos jardines o inclusiones naturales), el corte (con la emblemática talla esmeralda realzando su brillo) y el quilataje. Y no duda: las colombianas son las más valoradas del mundo: “La combinación ideal es una esmeralda colombiana de verde profundo, gran transparencia y talla esmeralda”, resume.
En cuanto al montaje, Marcos ha observado un cambio de tendencia: “si antes se solían rodear de brillantes para potenciar su luz, hoy se busca la simplicidad y el uso cotidiano, y las montamos en oro amarillo, de modo que la piedra hable por sí sola”, explica. Esta pureza estética ha convertido a la esmeralda en una opción preferente frente al diamante para expresar amor y fidelidad, motivo por el que, actualmente, especialmente en Navidad, recibe cada vez más encargos.



La defensa de los valores familiares
La esmeralda simboliza los valores familiares que Marcos Rodríguez defiende a capa y espada. La piedra del amor y la fidelidad refleja a través de su color verde —vinculado a la fertilidad, la prosperidad, el crecimiento conjunto y la estabilidad— aquello que para él define a una familia: la unión afectiva que sostiene y da forma a la sociedad. Marcos considera que la familia es el núcleo esencial: “es donde se transmiten los valores necesarios para construir un mundo mejor; sin familias no hay futuro ni puede existir una sociedad sana”, asegura. Esa convicción también explica su vocación política. Paralelamente al descubrimiento de su pasión por las piedras preciosas sintió el deseo de servir a la sociedad. Sin embargo, fue al formar su propia familia —ver crecer a sus hijos y pensar en el futuro que deseaba para ellos— cuando asumió la obligación moral de defender los valores que considera fundamentales a través de Vox, el partido por el cual ejerce como portavoz y desde el que impulsa la defensa de esos principios como regidor en el Ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès.










