Por Judith Martínez
Caen las castañas y las hojas del abedul se tornan amarillas. El sol nos regala crepúsculos rojizos, las noches se alargan. Podemos correr a fotografiar el momento o permanecer atentos, prestando atención a los cambios que se producen en esta estación que invita al invierno a quedarse. Desconfiamos de nuestra memoria, desafiando a los recuerdos, que se borran con el tiempo. ¿Pero algún día recurriremos a los cientos de miles de fotografías acumuladas en la nube? ¿Podemos, por una vez, dejar de captar imágenes a través de nuestras pantallas y vivir el presente? El otoño es una estación de matices, de celebraciones, de transformación. Podemos lamentar el cambio de horario o disfrutar del clima templado, resignarnos a engordar o celebrar que aun somos capaces de enamorarnos. Encantarnos con la vida y dibujarla. Los anglosajones nos animarían a tomarnos las cosas con calma. Slow down. No hay prisa. Desenganchémonos del móvil, vivamos el presente y dibujemos.







