Visión renovada
A medida que envejecemos, la presbicia y las cataratas se convierten en dos de los problemas visuales más frecuentes. Sin embargo, los avances en cirugía ocular han cambiado por completo la manera de tratarlos. El doctor Rafael Rodríguez, especialista en retina y cirugía refractiva, explica que las lentes intraoculares permiten no solo sustituir el cristalino opaco, sino también corregir defectos refractivos como la miopía, el astigmatismo, la hipermetropía o incluso la presbicia en una sola intervención.
La presbicia —conocida como vista cansada— suele aparecer a partir de los 45 años debido al endurecimiento del cristalino, que pierde elasticidad y ya no puede modificar su curvatura para enfocar. En muchos casos también puede tratarse quirúrgicamente, especialmente en pacientes que combinan presbicia con hipermetropía, quienes se benefician de lentes trifocales capaces de cubrir todas las distancias de visión.
En el caso de las cataratas, el doctor detalla que “las cataratas suelen aparecer entre los 65 y 70 años, aunque pueden hacerlo antes”, explica desde la Clínica Oftalmológica Rubí, de la que es cofundador junto a su mujer, la doctora Eulàlia Rusiñol. Con el tiempo, las proteínas del cristalino se deterioran y se agrupan, provocando una pérdida progresiva de transparencia. La cirugía es sencilla: se vacía el cristalino opaco y se coloca en su interior una lente intraocular ajustada a las necesidades de cada paciente.
Existen distintos tipos de lentes: desde las monofocales hasta las multifocales o trifocales, que permiten ver de lejos, de cerca y a distancias intermedias. Su acceso, sin embargo, está condicionado por el precio. Tal como señala el doctor, “una lente trifocal tórica puede llegar a costar entre cuatro y cinco veces más que una lente convencional”, motivo por el cual en la sanidad pública se emplean principalmente las monofocales. Estas garantizan una excelente recuperación visual, aunque el paciente pueda necesitar gafas para tareas de cerca.
En cualquier caso, la intervención es rápida, segura y con un posoperatorio muy cómodo. “Tanto que al día siguiente la mayoría de los pacientes ya recuperan entre el 80% y el 100% de su capacidad visual”, comenta el doctor, con un dato que refleja la precisión alcanzada por esta técnica.








